Una victoria demócrata en las elecciones intermedias de 2026 cambiaría el debate sobre los aranceles del presidente Donald Trump en el Congreso, pero no los eliminaría por sí sola. Esa es la conclusión central de un informe de Reuters publicado el 1 de noviembre de 2026, dos días antes de que los votantes decidan el control de la Cámara de Representantes y el Senado. Si los demócratas ganan al menos una cámara, podrían forzar votaciones para derogar los aranceles y lanzar una oleada de audiencias de supervisión, pero el poder de veto del presidente seguiría bloqueando cualquier retroceso.
El informe, firmado por David Lawder, se basa en expertos en comercio y asesores del Congreso que esperan fricción, simbolismo y escrutinio en lugar de derogación. Los demócratas obtendrían las presidencias de los comités y el tiempo en el pleno para desafiar el programa arancelario, pero seguirían muy lejos de las mayorías de dos tercios necesarias para anular un veto presidencial. El resultado, según los expertos, es un debate comercial que cambia de tono y de política, aunque los aranceles permanezcan.
Washington, 1 de noviembre (Reuters) — la agenda comercial que ha definido gran parte del segundo mandato del presidente Trump enfrentará una nueva fuente de fricción si los demócratas ganan el control del Congreso el martes 3 de noviembre de 2026. Es probable que el próximo año se produzca una cascada de audiencias de supervisión y votaciones simbólicas para revertir aranceles, dijeron expertos en comercio y asesores del Congreso a Reuters, pero Trump seguirá decidido a imponer más aranceles.
Los demócratas están ansiosos por aprobar leyes que anulen muchos de los aranceles de Trump y los estatutos más antiguos que los respaldan. Sin embargo, cualquier avance del partido chocará con la realidad del poder de veto del presidente. Ni siquiera una victoria total en ambas cámaras les daría las mayorías de dos tercios necesarias para anularlo.
"Una de las prioridades más obvias sería derogar los aranceles de Trump a Canadá, que están elevando los precios y perjudicando a comunidades de ambos lados de la frontera", dijo el senador Ron Wyden, el principal demócrata del Comité de Finanzas del Senado, centrado en impuestos y comercio. El comentario de Wyden resume la lógica política demócrata: Canadá es el socio comercial más cercano, los aranceles allí son fáciles de explicar a los votantes y el dolor económico se siente en las comunidades fronterizas de ambos países.
Mientras tanto, la administración Trump está preparando planes para depender más de las acciones ejecutivas, también en comercio, sin necesidad de aprobación del Congreso. Esa vía paralela importa porque significa que la influencia del Congreso es limitada incluso si cambia su composición. La Casa Blanca puede seguir fijando la política arancelaria mediante estatutos y autoridad ejecutiva que el Congreso difícilmente podría revocar ante un veto.
El programa arancelario se ha construido durante dos años sobre un conjunto de viejos estatutos comerciales, algunos de casi un siglo de antigüedad. La administración los ha usado para imponer aranceles punitivos a Canadá, un arancel global temporal del 10 por ciento y una serie de medidas por país y por sector, argumentando que los acuerdos comerciales pasados dejaron a los trabajadores, agricultores y empresas estadounidenses "estafados". Sus partidarios señalan casi 20 acuerdos comerciales que la Casa Blanca dice haber conseguido y billones de dólares en promesas de inversión manufacturera.
El Congreso, en cambio, ha observado en gran medida desde la barrera. Los republicanos, que controlan ambas cámaras, han adoptado un enfoque en gran medida pasivo ante los aranceles, incluso cuando algunos candidatos en dificultades —incluida la senadora Susan Collins de Maine— han protestado en los últimos meses. El Senado votó 51-47 el 29 de octubre de 2026 para poner fin a la emergencia nacional detrás de los aranceles globales del presidente, con cuatro republicanos uniéndose a los demócratas, pero esa votación no desmanteló por sí sola el edificio arancelario.
Las elecciones intermedias llegan, por tanto, como una prueba de si los votantes quieren un Congreso que confronte el programa arancelario o uno que siga cediendo ante el presidente. Los demócratas han presentado los aranceles como un impuesto a los consumidores estadounidenses, señalando precios más altos de los productos importados. Los republicanos los han presentado como una palanca que ha obligado a los socios comerciales a sentarse a la mesa y ha traído inversión al país. Los resultados del martes dirimirán qué argumento pesó más, aunque no diriman la política en sí.
Si los demócratas ganan al menos una cámara, el cambio más inmediato se produciría en el pleno y en las salas de comité. Podrían celebrar votaciones simbólicas sobre proyectos largamente postergados, como la "Ley para Poner Fin al Impuesto Arancelario de Trump" del senador Chuck Schumer. Ese proyecto, con 28 copatrocinadores incluido Wyden, derogaría el estatuto que respalda los aranceles punitivos a los productos canadienses, la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, junto con el estatuto usado para los aranceles globales temporales del 10 por ciento, la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974. También pide reembolsar todos los derechos cobrados bajo esas leyes antiguas.
Un proyecto así casi con seguridad sería vetado, y los demócratas lo saben. "Los demócratas van a intentar muchas cosas. Simplemente no creo que nada llegue a la meta porque ningún partido tendrá una mayoría a prueba de veto en ningún escenario", dijo William Reinsch, asesor no residente del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington.
El segundo cambio, y potencialmente más trascendente, sería la supervisión. Obtener el control de los comités de comercio daría a los demócratas una plataforma para lanzar un flujo constante de audiencias e investigaciones sobre el programa arancelario. Los objetivos clave, según Reinsch y otros expertos, incluirían el opaco proceso para determinar las exenciones arancelarias que benefician a empresas concretas, cómo afectan los aranceles a las pequeñas empresas y cómo la administración está repartiendo cientos de miles de millones de dólares en fondos de inversión prometidos por Japón, Corea del Sur y otros socios comerciales en acuerdos recientes.
Una agenda de supervisión confrontativa marcaría un cambio brusco respecto al enfoque republicano de los últimos dos años. Las audiencias pueden obligar a testificar, sacar a la luz documentos y crear un registro público que moldee el próximo ciclo electoral aunque no cambien la ley. Greta Peisch, ex consejera general de la Oficina del Representante Comercial de EE. UU. y ex asesora comercial de los demócratas del Comité de Finanzas del Senado, dijo que el esfuerzo podría "sentar las bases de una propuesta para las elecciones presidenciales" de 2028.
"Creo que es realmente el comienzo de cómo los demócratas, y el Congreso en su conjunto, piensan si promulgar o no legislación comercial y reformas en los próximos dos a cuatro años", añadió Peisch, ahora socia comercial en Wiley Rein en Washington, en declaraciones a Reuters.
La respuesta de la Casa Blanca fue inflexible. "El presidente Trump nunca cederá en poner a Estados Unidos primero, ya sea en negociaciones comerciales o mediante una agenda económica de recortes de impuestos y desregulación", dijo el portavoz Matthew Middleton en un comunicado enviado por correo electrónico. "Esa agenda ya ha asegurado casi 20 acuerdos comerciales justos y billones en inversiones manufactureras, con aún más progreso, empleos y oportunidades por delante para los estadounidenses de a pie".
Los socios comerciales, mientras tanto, entienden que el Congreso no estará en posición de eliminar los aranceles, dijo Milos Ivkovic, experto en arbitraje internacional y profesor adjunto en la Universidad de Washington en St. Louis. Un enfoque de esperar y ver ante la votación no beneficiará a los países que aún no han cerrado acuerdos, como India, Vietnam o Canadá, afirmó.
"Para todos aquellos países que piensan que las elecciones intermedias tendrán un efecto tal que el gobierno de Estados Unidos y el presidente Trump cambiarán la política exterior, están equivocados", dijo Ivkovic. Los países que postergan las discusiones comerciales con la administración Trump "están en realidad poniendo en peligro sus negociaciones", añadió.
Los demócratas, por su parte, no han ocultado sus ambiciones. Más allá de los aranceles a Canadá, quieren usar la supervisión para poner a prueba las afirmaciones de la administración sobre los beneficios del programa y construir un expediente para un futuro proyecto de reforma que podría aprobarse con otro presidente o con una mayoría mayor. Las votaciones simbólicas, en esa estrategia, no son un esfuerzo perdido: obligan a cada miembro a adoptar una posición pública que puede usarse en la campaña de 2028.
El análisis de Reuters importa porque desmonta una suposición común sobre la votación del martes: que un Congreso demócrata significaría automáticamente el fin de los aranceles de Trump. No sería así. El veto, los viejos estatutos y la disposición de la administración a actuar por orden ejecutiva apuntan en la misma dirección: continuidad en la política, cambio en la política partidista.
Esa distinción tiene consecuencias reales para empresas y consumidores. Las compañías que deciden dónde invertir, y los hogares que deciden qué comprar, no pueden contar con que un resultado electoral reduzca los costos de importación el próximo año. Es probable que los aranceles, y la incertidumbre que los rodea, persistan durante los dos últimos años del mandato del presidente, pase lo que pase el martes.
Al mismo tiempo, el cambio político no es trivial. Una Cámara o un Senado demócrata daría a los críticos de los aranceles un altavoz del que han carecido durante dos años, y un rastro documental de audiencias y votaciones que podría moldear la carrera presidencial de 2028. La política comercial, que a menudo ha sido un consenso bipartidista en Washington, se está convirtiendo en una línea divisoria partidista, y las elecciones intermedias son el momento en que esa línea se endurece.
El análisis también importa para los socios comerciales de Estados Unidos. Los gobiernos de Ottawa, Nueva Delhi, Hanói y otros lugares han estado sopesando si esperar a la actual administración o cerrar acuerdos ahora. El mensaje de los expertos citados por Reuters es directo: esperar a que el Congreso los rescate es un error.
El martes 3 de noviembre de 2026, los votantes decidirán las mayorías de la Cámara y el Senado. Las primeras proyecciones llegarán poco después del cierre de las urnas, comenzando con Indiana y Kentucky a las 6 p. m., hora del Este. Si los demócratas ganan una o ambas cámaras, el nuevo Congreso tomará posesión en enero de 2027, y la estrategia de supervisión y votaciones simbólicas descrita por Reuters empezaría a tomar forma en los primeros meses del año.
La administración, mientras tanto, no se queda quieta. Reuters informa que Trump está preparando más aranceles en sus dos últimos años, incluso a partir de una próxima investigación sobre el exceso de capacidad industrial en 16 grandes socios comerciales, aun cuando concede exenciones o retrasa algunos aranceles. El debate comercial, en otras palabras, está a punto de hacerse más ruidoso, no más silencioso.
Para los lectores, los puntos a vigilar son sencillos: quién gana la Cámara y el Senado el martes, qué comités controlan los demócratas si ganan, qué apuntan las primeras audiencias de supervisión y si algún proyecto arancelario llega al escritorio del presidente y es vetado. Cada uno de esos pasos dirá más sobre los próximos dos años de política comercial estadounidense que cualquier promesa de campaña.
¿Derogaría un Congreso demócrata los aranceles de Trump? No por sí solo. Los demócratas necesitarían una mayoría de dos tercios en ambas cámaras para anular un veto presidencial, y ningún escenario de la elección del martes les da eso. Podrían aprobar proyectos de derogación, pero el presidente podría vetarlos.
¿Qué podrían hacer los demócratas en su lugar? Podrían celebrar audiencias de supervisión sobre exenciones arancelarias, el impacto en pequeñas empresas y los fondos de inversión prometidos por socios comerciales, y votaciones simbólicas sobre proyectos como la "Ley para Poner Fin al Impuesto Arancelario de Trump" para construir un expediente hacia 2028.
¿Qué aranceles atacarían primero los demócratas? El senador Ron Wyden señaló los aranceles a Canadá como una prioridad obvia, argumentando que elevan los precios y perjudican a comunidades de ambos lados de la frontera.
¿Dejaría Trump de imponer aranceles si ganan los demócratas? Según la Casa Blanca y los expertos citados por Reuters, no. La administración planea apoyarse más en la acción ejecutiva y está preparando nuevas investigaciones arancelarias, incluida una sobre exceso de capacidad industrial en 16 socios comerciales.
¿Qué deberían hacer los socios comerciales? Los expertos citados por Reuters aconsejan no esperar a que las elecciones intermedias cambien la política estadounidense. Los países que postergan negociaciones, dicen, están poniendo en peligro sus propias conversaciones.
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